jueves, 1 de enero de 2009

2009


Reanudar el Blog es una buena idea... Empezar el año con originalidades. Cambios! Bienvenidos, señores Cambios, a hacer morada en mi olvidado y polvoriento Blog...


miércoles, 3 de diciembre de 2008

Nada pasa

Regreso de san Cristóbal en grúa. Mi carro, cual ballena, se quedó varado. El clutch o el módulo o las bujías o quién sabe qué tendrá. Tan incierto es como el discurso de Sabines: mala dicción o borracho. Para el caso es lo mismo, ¿alguien le habrá entendido? Sus esbirros comunicadores lo saben. Por eso sin tardanza, por la noche, organizaron una mesa redonda oficial y oficiosa. Tradujeron palabra por palabra lo que el jefe no pudo decir (no podía articular nada). En esa mesa redonda entendí lo que no había podido: que vivimos en el país donde nada malo pasa. Es cierto, mi carro descompuesto es sólo circunstancia.

lunes, 21 de abril de 2008

Prozac

Prozac


Para Talita

Ahorré unos cuantos centavos, los suficientes, para ir con un médico y pedirle una receta para comprar prozac. Me la dio. El medicamento, le dije, tiene que producir dentro de mí una sustancia que me ponga de buen humor, que me haga enseñar los dientes para reírme de lo que pasa a mi alrededor.
Sé, también, que eso me lleva a otras cosas. Por ejemplo, tengo los dientes sucios. Hasta ahora no me he preocupado gran cosa porque casi nunca río. Además de los pesos que debo ahorrar para las pastillas, también necesitaré otros más para comprar buenos dentríficos y cepillos de dientes. Muchos de ellos se terminarán rápido. ¿Qué más? Sólo eso se me ocurre por ahora.
En la farmacia, a la mera hora, me cuesta pedir prozac. ¿Es mejor reír con el prozac o morir sin él? Quizá resulte más barato pegarme un tiro. Bueno, eso de pegarme un tiro es sólo una expresión porque no tengo una pistola. Pero igual me puedo tirar de un puente; hago como que me resbalo y punto. Pero dudo: las alturas me dan vértigo. Lo he intentado, pero tantito me acerco a las orillas me entra un miedo atroz. Una vez me tuve que amarrar una soga a la cintura y atarla de una estaca (como esas en las que amarran a los caballos para que no se huyan) y asomarme a un precipicio para poder admirar la belleza de la naturaleza.
Esa misma soga, se me ocurre, puede servir para ahorcarme. Como soy bien pornográfico aparentaría que morí masturbándome. ¿Hay un pasaje similar en alguna novela de Sade? Algo parecido a esto: un tipo se amarra una soga al cuello y sube en una silla, esperando el suicidio, la muerte. Mientras eso sucede comienza a jugar con su pene hasta que se erecta. Arriba–abajo. A punto de eyacular avienta la silla y pende de la soga mientras su semen cae a borbotones en el piso. No recuerdo si el tipo muere en la novela; en la mía la muerte sería inevitable.
Y si vuelvo al prozac, ¿una sobredosis me conduciría a la muerte? Murió por exceso de felicidad, dirían al otro día.
Me pongo a pensar en esas y mil otras formas de ser feliz o de morir. En la farmacia, con la receta médica, con la morralla en la mano, recuerdo la Constelación de Talita, sus seis estrellas, y le pido a la dependienta una caja de condones.


mentas: vlatido@gmail.com

viernes, 18 de abril de 2008

Mulher ao cair da tarde


Ó Deus, não me castigue
Se falo minha vida foi tão bonita!
Somos humanos,
Nossos verbos têm tempos,
Não são como o Vosso, eterno.
Adélia Prado

Ángeles y libreros


Mi vocación para la herejía empezó cuando conocí a un ángel.
Yo tenía unos 7 u 8 años. Después, en una desesperación disfrazada de interés o curiosidad, conocí a otros, en aquél libro mágico de portada negra y dura. Me llamó atención porque de los pocos libros que había en mi casa, ése era el único con dicha portada. Para deshacerse de mis preguntas serias, adultas e inteligentes, mi mamá lo escondió. Así que, que para conocer mejor a los ángeles y su función, se me ocurrió estudiar teología. Eran los tiempos en que yo hacía y vivía más por ganas que por necesidad (o necedad). Todos los años de estudios de dogmática (o anatomía divina, es lo mismo), filosofía, antropología, antiguo y nuevo testamentos, griego o hebreo no fueron nada cuando vi por primera vez (ya la vi unas 5 veces) la película “Der Himmel über Berlin” de Win Wenders. Después de la película yo ya no sabía qué buscar, desde que ángulo mirar o anhelar. Me recordé de aquél ángel que luchó toda la noche con un hombre que, al terminar la lucha ganó un nombre. ¿Es necesario luchar para descubrir y revelar el propio rostro, la propia alma, para descubrir la verdad sobre una misma – nombrarse? Como pasa con todas mis buenas ideas que se echan a perder cuando resuelvo ponerlas en el papel, también esta buena pregunta se echó a perder cuando resolví buscarle una respuesta. Ahora, 15 años más tarde me recuerdo de ella. Y me veo así, sin respuesta.
No sé si es bueno o malo. Sólo sé que ya son la una de la mañana, que ya se termina la cerveza y sólo me quedan 2 cigarros. Que mañana (hoy) voy comprar mi librero nuevo, lijarlo y barnizarlo. El domingo los libros que ya no caben en los dos otros libreros estarán felices. Que después del desayuno (por fin, es sábado) terminaré de ver la película que ayer no terminé pues tenía sueño. Que estoy empezando un duelo y por eso quiero cambiar cosas en la casa: el librero, retomar la tesis, pintar la cocina de rojo. Poner unas tablas en la pared de la lavandería para poner las plantas que ya no quiero (ni caben) dentro de mi casa (son unas egoístas y se me la pasan exigiendo atención. Así que aprovecho que empezarán las lluvias y ellas ya no estarán sensibles con que les ponga música o platique). Llamar a mi mamá y platicar más de 10 minutos con ella. Decirle que voy a visitarla por 3 semanas en julio. Llamar a otras personas para resolver líos burocráticos. Pero antes voy al mercadito comprar naranjas y zanahorias para el jugo de desayuno. Quizás unos champiñones para comer con pan.
Cotidianidades. Postergo la lucha con el ángel. Construyo a cada día mi nombre. Lucho a cada día contra el miedo. No sé si avanzo o retrocedo. Estoy aquí y, eso, por ahora, me basta.

martes, 15 de abril de 2008

Desamparado


Esta mañana calurosa me siento desamparado: me he levantado tarde porque la cama comienza a fastidiarme. Puse un dvd de Joaquín Sabina que me regaló Talita. Decidí, animado por la música, quemar un disco con las mejores canciones del español para escuchar en el viaje que realizaré a la playa. Encendí la computadora. Busqué los cables para conectarme a internet. La intención era comenzar a bajar algún material de Sabina de la red. Todo bien: cable usb donde debe ir, módem conectado. La computadora me dice, en otras palabras, que estoy listo para navegar.La sensación de desamparo comienza cuando no puedo entrar al Messenger. ¡No hay chat! Suele suceder, pienso. Quiero abrir una página, Google, y nada. Intento una y otra vez sin éxito alguno. Sabina, en la tele, dice que hay fiesta en la cocina, mientras a mí, caramba, muy de mañana, me da una crisis. Busco una tarjeta telefónica para llamar al servicio de internet. Tengo tres pesos de crédito. De por sí es una aventura marcar, atinarle a las indicaciones de la voz grabada que hace las veces de operadora. Con tres pesos ni se diga. El teléfono, después de un par de minutos, emite un chillido, como indicando que estoy a punto de quedar incomunicado. Pronto le digo lo que sucede a quien me atiende. Promete llamar en cinco minutos al celular.Me siento frente a la computadora. Juego con ella, la exploro. Desesperación, desamparo. Talita acaba de salir. La necedad me seduce, intento de nuevo conectarme a internet. Termina el dvd de Sabina con Noches de Boda. El teléfono celular permanece mudo. Silencio en la habitación. Ni los perros ladran: Natasha duerme; Gorbachov, atento, es testigo de mi frustración; Raisa está aburrida. No hay servicio.Los tres hacen un gesto cuando suena el teléfono.
—¿Tiene conectado el módem?
—Sí.—
¿Están prendidos todos los focos?
—Así es.
—No recibo señal. Pase a nuestras oficinas centrales para cambiar el módem.
Puff, calor, soledad, desamparo.
Sólo espero que Talita no tarde en regresar.
mentas: vlatido@gmail.com

lunes, 14 de abril de 2008

Se fue, ¿regresará?

Hoy no llegó la "señora" que me hace el aseo. Quien me hace sentir que puedo descansar, Que puedo confiar. Esa sensación maravillosa de que alguien cuida de mi al poner un poco de orden y limpieza en mi casa. Me siento frustrada. Dejada de lado. Desesperada en tener que empezar nueva búsqueda. Olvidada. Por eso cito nuevamente a Monterosso, bajo la mirada angustiante de Eduardo Torres (precisamente), que lo espera en sus manos... Ya casi...

Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque no les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones; porque como fantasmas de una raza extinguida llegan, se meten a las casas, husmean, escarban, se asoman a los abismos de nuestros mezquinos secretos leyendo en los restos de las tazas de café o de las copas de vino, en las colillas, o sencillamente introduciendo sus miradas furtivas y sus ávidas manos en los armarios, debajo de las almohadas, o recorriendo los pedacitos de papeles rotos y el eco de nuestros pleitos, en tanto sacuden y barren nuestras porfiadas miserias y las sobras de nuestros odios cuando se quedan solas toda la mañana cantando triunfalmente (…); porque finalmente deciden marcharse como vinieron pero con un conocimiento más profundo de los seres humanos, de la comprensión y la solidaridad; porque son los últimos representantes del Mal, porque nuestras señoras no saben qué hacer sin el Mal y se aferran a él y le ruegan que por favor no abandone esta tierra (…) Me voy, les dicen vigorosamente llenado una vez más sus cajas de cartón. Pero por qué. Porque sí (Oh libertad inefable). Y allá van, ángeles del malignos en busca de nuevas aventuras…
Augusto Monterroso